Mientras que en el mundo occidental se celebra Halloween, en Cusco y en todo el mundo andino, los primeros días de noviembre están dedicados al Día de Todos los Santos y el Día de los Difuntos. Esta no es una fiesta triste, sino una vibrante celebración donde las familias dan la bienvenida a las almas de sus seres queridos.

Si viajas a Cusco durante estas fechas, serás testigo de una de las tradiciones más místicas y coloridas, marcada por la gastronomía, la fe y la profunda conexión con el pasado.
El centro de la celebración es la creencia de que las almas regresan a sus hogares para visitar a sus familias.

El día 2 de noviembre, la celebración se traslada al cementerio, donde la tristeza se convierte en un picnic comunitario.

La comida durante esta festividad tiene un significado ritual, pero también es deliciosa.


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